Mensaje de la Edición Vol. 1-2026
Zoé Negrón Comas
Co-Presidenta de la Comisión de la Revista Jurídica
El 25 de noviembre de 2023, se cumplieron cinco años desde que tres colegas periodistas y yo lanzamos el medio de periodismo feminista Todas y empezamos a publicar en todaspr.com
El lenguaje inclusivo ha sido una conversación desde el día uno. Pensamos siempre en visibilizar a las mujeres, en toda su diversidad. Y digo en toda su diversidad, porque así lo creemos, pero es algo que aprendimos de la licenciada y senadora Ana Irma Rivera Lassén—de los muchos aprendizajes que nos deja—. Las mujeres en toda su diversidad. Y, desde el principio, hemos estado muy claras en que decir “las mujeres, en toda su diversidad”, incluye a las mujeres trans. Porque las mujeres trans son mujeres. Existen, están aquí, son parte de nuestra sociedad y también deben ser nombradas.
Sin embargo, no vengo a decir aquí que siempre hemos tenido consensos o que desde el principio hemos hecho las cosas de la misma manera. Ni siquiera quiero decir que la manera en que lo hacemos ahora es la mejor manera de hacerlo. La educación, las experiencias, las lecturas y conversaciones que habíamos tenido hace cinco años, cuando decidimos que este emprendimiento de periodismo feminista iba a llamarse Todas, no son las mismas que tenemos ahora. El lenguaje inclusivo es una conversación abierta.
Y de quien más hemos aprendido sobre lenguaje inclusivo es de Ínaru Nadia de la Fuente Díaz, persona no binaria, cofundadore de La sombrilla Cuir, y para nuestra honra, columnista de Todas. Entonces, aunque estamos en proceso de aprendizaje, sí, hay algunas cosas que ya tenemos muy claras.
El feminismo tiene que incluir a todas las personas y, así mismo, el periodismo feminista. Y voy a matizar sobre eso. El feminismo sobre el que se sostiene este proyecto no es sobre GirlBoss ni Women Who Lead; no es Lean In, de Sheryl Sanberg, la exejecutiva de Facebook; no es el de Mujer Emprende; no es el feminismo pinkwashed (aunque nos encante el color rosita) que muy convenientemente las marcas han sabido apropiar para vender, pero que poco aporta a mejorar las condiciones de vida de las mujeres, en toda su diversidad. Y, ciertamente, no es el feminismo que podrían intentar promulgar las hermanas Ferré Rangel en sus periódicos. Porque esos feminismos son individualistas y, por lo tanto, excluyentes.
Hablamos de un feminismo para el 99%. Un feminismo anticapitalista, antirracista, en sintonía con las luchas por la defensa de nuestros recursos naturales ante la crisis climática. Y sí, probablemente, el tema del que más hemos escrito, reportado, investigado y publicado, desde que este periódico vio la luz de la web por primera vez, es la violencia de género; la violencia machista.
Pero, para hablar en contra de la violencia machista, tenemos que hablar de vivienda asequible, de salarios dignos, de atención, servicios médicos y educación, buena de calidad porque la carencia de todas esas cosas, son los mayores problemas para la gran mayoría de las mujeres en todo el mundo. Son un mayor problema, sobre todo para las mujeres negras. Y también son razones de por qué las tasas de violencia de género y feminicidios son tan altas, y de por qué las mujeres permanecen en relaciones de violencia.
Entonces, el periodismo feminista, el que nosotras ejercemos y que buscamos hacer mejor cada día, desempeña un papel fundamental en la lucha por la equidad de género, por la justicia social y contra la violencia machista. ¿Cómo? Ofreciendo una plataforma para amplificar las voces de las personas que han sido históricamente marginadas.
En este contexto, el uso del lenguaje inclusivo es una herramienta esencial para reflejar y promover la diversidad de experiencias y perspectivas.
Primero, se respetan los pronombres de las personas. No se asume, se pregunta y se corrobora.
Segundo, podemos hablar de Todas, todos y todes; podemos hablar solo de todes, entendiendo que incluye a todes les demás. Depende, sobre todo, de quien escriba. Hay intenciones en los énfasis.
No utilizamos la equis porque no es funcional a los lectores en computadoras que utilizan las personas ciegas. Entonces, optamos por utilizar sustantivos genéricos y colectivos, cuando se pueda; y por utilizar la e para enfatizar en la inclusión de todos los géneros.
Reconocemos que, viniendo del campo del periodismo tradicional y corporativo, muchas veces terminamos utilizando los sustantivos en su género gramatical masculino. Los contextos, las fotografías, las personas citadas deben dar a entender de que se trata de un colectivo diverso.
No nos dan risa los chistes sobre el lenguaje inclusivo.
Reconocemos y discutimos las críticas, y este es un tema que no despachamos livianamente, que conversamos con frecuencia y sobre el que seguiremos aprendiendo e incorporando prácticas según vamos educándonos.
Entonces, ya lo hemos dicho. La representación importa, y el lenguaje utilizado en el periodismo tiene el poder de reforzar o desafiar los estereotipos de género arraigados. Cuando enfatizamos, con nuestras palabras la inclusión de las mujeres, en toda su diversidad, y de las personas trans, no binarias y de género fluido, les reconocemos. Les representamos de manera precisa.
Incluso, para explicar lo que, en un mundo de equidad, no tendríamos que estar explicando. Pero, no vivimos en un mundo de equidad.
Y voy a hablar de lo que me pidieron. El lenguaje periodístico en la cobertura de la violencia machista.
Tengo que hablar, necesariamente, de feminicidios y de transfeminicidios, dos palabras que se han afianzado en nuestro vocabulario, precisamente, por la necesidad de nombrar como corresponde los asesinatos por razón de género de las mujeres y las personas trans.
“Crimen pasional” era la categoría que tenía la policía de Puerto Rico para describir los asesinatos de mujeres en contextos de violencia doméstica. Por suerte, contamos con feministas que le han hecho frente a esa categorización, y con periodistas feministas, como Norma Valle y Firuzeh Shokooh Valle, solo por mencionar dos, que nos han enseñado a salir de esos lugares comunes de discrimen en el lenguaje, sobre todo en el lenguaje periodístico.
Entonces, hablando de cobertura periodística, lenguaje y violencia machista, voy a desviarme un poco, pero voy a regresar.
Yo creo que uno de los principales problemas que tenemos las personas que hacemos periodismo en Puerto Rico es que contamos con la Policía como principal fuente de información. La historia de la Policía de Puerto Rico nos ha demostrado que no es una fuente confiable. La Policía es una institución machista, racista y patriarcal desde su origen. La Policía miente y encubre a los suyos. Es selectiva y sus narrativas están llenas de prejuicios machistas, racistas, clasistas, homófobos y de transfobia.
A continuación, algunas de las expresiones de policías en escenas de aparentes feminicidios: “fue una discusión por celos”, “lo estamos investigando como un crimen pasional”, “aparentemente, ella había comenzado una relación con otro hombre, que fue el detonante”. Y, tengo que recordar, la descripción que hizo la Policía para informar del asesinato de Alexa Negrón Luciano, una mujer trans, a la que se le describió como un hombre vestido de mujer y, que los medios de comunicación de este país, reprodujeron sin ningún cuidado.
Yo, quizás, les voy a desilusionar. Yo no tengo una alternativa categórica que ofrecer aquí a tener a la Policía como fuente, que no sea la de poner en duda cualquier cosa que diga la Policía, y filtrar sus expresiones públicas. Con filtrar, me refiero a que no podemos ser grabadoras o micrófonos con piernas. Ponerle un micrófono a una persona para que diga lo que quiere sin cuestionarle no es un ejercicio periodístico.
El periodismo requiere interpretación y la interpretación requiere haberse educado sobre cómo hacer una cobertura responsable.
Cuando hablamos de lenguaje inclusivo, creo que debemos de hablar de feminicidio y de transfeminicidio, para poder contar, precisamente, esos asesinatos que quedan escondidos en las estadísticas. Los asesinatos de mujeres y personas trans por razones de género.
Quiero destacar el trabajo que han hecho las doctoras Irma Lugo Nazario y Debora Upegui Hernández en el Observatorio de Equidad de Género.
Es un trabajo que le siguió al informe que trabajaron Proyecto Matria y Kilómetro 0 sobre La persistencia de la indolencia: feminicidios en Puerto Rico, 2014-2018, en el que llamaban feminicidio a estos crímenes.
El trabajo del Observatorio de Equidad de Género es resultado de una iniciativa y convocatoria de la maestra, admirada y recordada, María Dolores “Tati” Fernós. Y ella me dijo en una entrevista que le hice en 2020 que “no hay manera de que una sociedad pueda saber si está adelantando o retrocediendo en el tema que sea si no lleva estadísticas. Las estadísticas son las que te dicen si las estrategias que has establecido para combatir un problema, lo estás, en verdad, resolviendo o si está peor para que puedas diseñar otra estrategia”, señaló. Y el Observatorio de Equidad de Género, en apenas poco más de tres años, ha logrado cambiar la narrativa sobre el tratamiento que públicamente se les da en Puerto Rico a los crímenes por violencia de género.
El 17 de noviembre de 2019, publicamos en Todas el reportaje Feminicidio: la importancia de llamar los crímenes por su nombre.
La periodista Norihelys Ramos entrevistó a la senadora Itzamar Peña y a la representante Lourdes Ramos, presidentas de la Comisión de Asuntos de la Mujer en el Senado y en la Cámara de Representantes, respectivamente, para conocer las posibilidades de crear un proyecto de ley sobre el feminicidio. Les preguntó si definirían y tipificarían este concepto como delito, y si consideraban que los asesinatos relacionados con la violencia doméstica son feminicidios. Itzamar Peña habló de la violencia doméstica, pero no reconoció que un asesinato en el contexto de violencia doméstica es feminicidio. Dijo: “La comisión nunca ha trabajado un caso de feminicidio”.
Mientras, Lourdes Ramos dijo lo siguiente, y cito:
El nombre no altera la violencia, dígase feminicidio que es un poco más fancy o más llamativo. El problema es que el asunto de la violencia doméstica es un asunto íntimo de pareja. De verdad, lo más que podemos hacer es seguir educando. Porque si tú no te quejas de que estás sufriendo violencia doméstica, ¿cómo yo me voy a enterar? ¿cómo te voy ayudar? ¿cómo te voy a ofrecer todos los programas que hay? La víctima tiene que buscar ayuda.
Sin duda, la respuesta de la representante Ramos es muy valiosa, y digo valiosa porque aglutina, en una sola cita, muchos de los prejuicios en cuanto al tratamiento de la violencia machista. Y que se refuerzan desde el periodismo en nuestras coberturas. Y voy a subrayar algunos:
Primero, está claro que Ramos se expresó en un momento en el que en Puerto Rico no había ocurrido un esfuerzo ni se habían dado los contextos para entender un feminicidio como un crimen no necesariamente vinculado al narcotráfico. Pero, entender que el uso de la palabra feminicidio es “más fancy” o “más llamativo”, apunta a la falta de seriedad con que se atiende este asunto.
Segundo, la violencia doméstica no es “un asunto íntimo de pareja”, como expresó la representante. Precisamente, una de las conquistas y una de las deudas que tiene mi generación y las siguientes a las generaciones anteriores de feministas es la aprobación de la Ley 54; el reconocimiento de la responsabilidad del Estado en cuanto a la protección de las mujeres como un asunto que requiere política pública. Es un asunto público.
Tercero, decir “lo más que podemos hacer es seguir educando”. Y sí educar, pero no es lo más ni lo único que podemos hacer. Denota una actitud de brazos caídos, como si se hubiese hecho todo lo que hace falta y nada hubiera funcionado. Sabemos que eso no es así.
Cuarto, la responsabilidad sobre la víctima sobreviviente. La mayoría de los mensajes publicitarios ponen una gran carga sobre los hombros de las víctimas sobrevivientes. Y sí, hay un trabajo urgente de hacerles saber que no están solas, que existen recursos y ayudas, pero eso es prevención tardía.
Yo no solamente aspiro a un país sin feminicidios. Aspiro a un país en que ninguna de mis amigas ni de mis amigues tenga que ir a un date pensando: “este hombre, ¿sería capaz de alguna vez pegarme?, ¿de alzarme la voz?, ¿de cuestionarme la ropa que me pongo y con quién me relaciono?”.
Para tener relaciones de equidad, donde los malos tratos no sean una posibilidad muy real, necesitamos educación para la equidad; educación con perspectiva de género. Y necesitamos periodismo con perspectiva de género, porque los medios también educan.
Para finalizar voy a hacer una autocrítica, como representante hasta cierto punto del gremio periodístico. Y es que se nos hace muy fácil criticar el lenguaje inclusivo, pero muy fácil excluir a los hombres de las conversaciones sobre equidad de género.
Mis compañeros periodistas varones me felicitan constantemente por mi trabajo, pero no están aquí. Pocas veces comparten nuestras publicaciones, no hablan del tema de la violencia machista, no asisten a las actividades de educación continua que organizamos, y si asisten, se van temprano o están haciendo otra cosa mientras los recursos hablan; no se sienten apelados. Ah, ¿pero saben qué sí hacen algunos? Me explican cosas.
La gente me lo dice todo el tiempo que, desde el periodismo feminista, tenemos que dejar de hablarnos a nosotras mismas, las feministas. A veces, como si estuviéramos haciendo algo mal, como que nuestra estrategia de comunicación no es lo suficientemente inteligente y asertiva. Y yo estoy de acuerdo y siempre puesta para aprender y mejorar.
Sí, tenemos que hablarles a los hombres, pero los hombres tienen que hablar, tienen que romper el pacto patriarcal y tienen que querer hablar. Porque muy poco avanzamos solas las mujeres y las personas no binarias contra esta estructura titánica que nos oprime todos los días. Si los hombres, los hombres cis, están muy cómodos cuestionándoles a las mujeres que denuncian abusos, ¿por qué ahora? Creyendo las versiones de quienes han agredido porque es más fácil, más cómodo; no representa ninguna responsabilidad.
Mi invitación es a seguir aprendiendo del lenguaje inclusivo para representar con justicia a todas las personas. Y, al mismo tiempo, que los hombres cis se sientan incluidos, apelados en las conversaciones y la lucha contra la violencia machista.
* Esta ponencia se ofreció originalmente en el Taller de Lenguaje Inclusivo ofrecido por la Comisión de la Mujer “María Dolores ‘Tati’ Fernós-Cepero” del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico. Este se celebró el 30 de noviembre de 2023 en la sede del Colegio.
** Cristina del Mar Quiles es una periodista de Caguas, Puerto Rico. Es cofundadora y codirectora del medio de periodismo feminista Todas, todaspr.com. También, trabaja en el Centro de Periodismo Investigativo como gerente de Audiencias y Productos, y lidera la Unidad Investigativa de Género, una alianza entre Todas y el CPI.
Zoé Negrón Comas
Co-Presidenta de la Comisión de la Revista Jurídica
Isabel Gemma Fajardo García
Oradora Asamblea Anual CAAPR
Amani Sahada Kassem Tamimi Rodríguez, Esq., LL.M.
Cristina del Mar Quiles
Ponencia